martes, 25 de julio de 2017

Enfurecida I

Entré en la habitación nerviosa, cabreada, queriendo pegarle a alguien, inquieta, sin parar de moverme por la habitación. “¡Y encima no encuentro la otra llave de la habitaciónl! ¡Y yo no la saqué del cajón! No sé dónde está… ¡qué desastre!”.


Entonces se abrió la puerta de repente y miré asustada. Y lo vi a él. Me quedé un segundo mirándole, asimilando que acababa de entrar en mi habitación.

Sin más me pongo de rodillas mientras él entra y cierra la puerta.

-Siento haberte cogido la llave sin decírtelo-dijo mientras metía la tarjeta en un cajón.
-No importa, mi Señor -Le dije aún con la agitación que tenía de la calle.
-Tranquilízate.
-¡¡Es que es estúpida!! ¿Qué se cree? ¿Que puede ir ahí de chula poniendo a todos a sus pies? ¡¡ugg!!-dije con la ira reflejada en mi cara.

Se agachó delante de mí, apoyando una rodilla en el suelo y la otra no. Me cogió de la nuca con firmeza y tiró de mí hacia él. Choqué contra él perdiendo el equilibrio y enseguida me erguí dejando un fino hueco entre ambos.

-Puedes tocarme. Ven.-dijo volviendo a empujarme hacia adelante chocándome contra su pecho.

-¿Quieres que la dobleguen y suplique por su vida, no?

-¡¡¡SÍ!!! ¡Qué tía más estúpida!!¡¡UGG!!

-Jajajaja. Princesita, pero eso es por tus tendencias sumisas. No todas las mujeres son así.


No me había parado a pensarlo, pero me escondí acurrucada contra su pecho. Que me diera cariño así no era lo habitual y, aunque contrariada, disfrutaba del momento.

-Te he visto demasiado desorbitada. Y yo necesito que estés bien. Vamos a sentarnos, estaremos más cómodos….

Yo le miré, asentí, hice caso. Y me tranquilicé en sus brazos.

-Tienes que ser más fuerte.

Me puse tensa. Ya sonaba más frío, la dulzura se iba diluyendo. Me apretó fuerte y siguió hablando:

-Los comportamientos de otras mujeres no te han de afectar tanto. Da lo mejor de ti y sé fiel a tus instintos. Pasa del resto. Tus energías son para mí. No para malgastarlas con una zorra que no merece la pena.

Cada vez su voz iba siendo más afilada y dura. Me agarró del pelo y tiró de mí hacia atrás para mirarme serio a los ojos:

-¿Me has entendido bien?

Asentí nerviosa. Yo estaba deseando que me acariciara la cabeza. Quería ser su mascota favorita. Él se levantó y se quedó mirándome; yo le miraba también, con todo mi cuello hacia atrás. Me encantaba esa situación y él lo sabía. Verme tan pequeñita junto a él, tan servicial… A sus pies.

-Desnúdate y métete en la cama. Yo voy a ducharme.- hizo un gesto de silencio, así que asentí con una reverencia.


Le vi una media sonrisa cuando se alejaba de mí. 

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Cuando hay alguien que sabe llegar hasta una, sí.

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  2. Soy Carmen ya sabes chica me asombras de verdad, vamos yo lo mando cara la pared de rodillas y los brazos en cruz jajajajaja besitos

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    1. jajajaja Holaaa. Pero eso es porque no te gusta que te traten así de intenso.

      A mí es que me gusta que sea a mí quien me manden de rodillas :P

      ¿Te mosqueas pensando como puedo permitirlo? Entendería que lo hagas, porque yo hay cosas que también me pongo así.

      ¡Un besito! Y ya sabes: Bienvenida

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