jueves, 3 de agosto de 2017

Actuando

Me lo encuentro en un vagón, autobús, consulta del médico... Me da un vuelco el corazón pero consigo mantener la compostura, le sonrío chulescamente y vuelves a la pantalla de mi móvil. Realmente estaba leyendo a alguien interesante. Termino el correo, él me sigue observando, lo siento. Ve mi concentración y mis reacciones ante la lectura que él desconoce. 

Él ha seguido con su vida sin mirar atrás, yo aparento que he hecho lo mismo. Pero es mentira. Dejó una espina clavada que no se irá jamás aunque siga con mi vida. No le olvidaré, ansío que se ponga en contacto conmigo aunque sea un par de días para volver a desaparecer. Le sigo deseando infinitamente hasta la desesperación.

Necesito suspirar, patalear, gritar, pero sigo como si nada.

Tranquila. Eso es. Haz como si ya no te importase nada. Actúa como él no se espera.  Aguanta un poco más, ya casi se va. Sigue representando que se ha vuelto insignificante, que no se dé cuenta de que te sigue afectando de la misma manera. 

miércoles, 2 de agosto de 2017

Influencia de las palabras

No nos damos cuenta lo que pueden suponer nuestras palabras en las personas. Por algún síntoma de “responsabilidad” o ”moralidad” o porque nos han educado con ciertas ideas en la cabeza, necesito excusas cuando hago cosas que sé que no están del todo bien. Cuando tengo un conflicto interno que no se resuelve rápido.

Es absurdo, me lo digo a mí misma. Me obligo a no hacer eso, a aceptar lo que hago por el motivo que sea sin más. Sin embargo, no niego que una ayudita a mi propia conciencia tampoco está de más en ese proceso.

Sé que no solo soy yo. Alrededor de mí, quizás en general, los humanos necesitamos apoyarnos en excusas para que afrontar nuestros actos sea menos impactante. Excusas que arropen los actos que percibimos que no están bien. O que podías haberlo hecho mejor

Yo soy del pensamiento de que hagas lo que quieras y no te sientas mal. Aunque si algo no te deja dormir, es que no estás de acuerdo con realizarlo. No seamos extremos.

Nadie está atado para siempre a su educación. Nadie.

Aunque sí sea verdad que hay cosas que hemos aprendido que cuesta trabajo sacar y seguir lo que uno piensa.

Total, que yo estaba pensando en que una persona que no confía en otra, siendo su intención buena puede destruir un hilo del que se sujetaba una persona para actuar de manera ‘correcta’. Me explico.

Poner los cuernos está mal. En principio. Por respeto a la otra persona, porque si la amas no haces eso (a menos que tengan pactado que ambos son libres de hacer lo que quieran o cualquier otra situación interna sexual. Me refiero a “generalmente”). Se supone que más allá de tu pareja, no necesitas otra persona porque ella cubre tus necesidades íntimas y de afecto amoroso.

Si pones los cuernos, estás haciendo algo inmoral. Un conflicto interior entre lo necesito y no está bien.

Se puede pensar… “bueno, si me casara con esa persona, ¿no lo haría más por la promesa ante la iglesia de ‘renuncio a todo hombre blablá…? ¿Y prometer amar y respetar a la otra persona? ¿Sería un paso más allá en mí con respecto a él?” Pero a la misma vez… Si ahora mismo necesito una serie de cosas que esa persona no me ofrece, ¿Para qué estar con él? ¡Es un lío!

Y entonces un día, lo escucho. Escucho hablar a un familiar sobre una chica y su novio y el comentario de la madre es: “Claro, pero… tú sabes. Mientras no esté casada… Es como si estuviera soltera”.

¿Cómo? ¿Para esa persona no existe el compromiso de cada persona con otra si no están firmado unos papeles o jurando en la ceremonia que cada familia tenga? ¿En serio?

Es de risa.

Será igual, ¿no? Yo puedo faltar el respeto tanto soltera sin papeles de por medio como habiéndome casado oficialmente, ¿no?

Cuál es la diferencia.

El valor que cada uno da a los actos, ¿no?

Me pareció un comentario horrible. Y por otro lado, una broma con la que jugar para estar al filo de la moralidad.

Otro pretexto más del que tirar para autojustificarme cuando me salto las normas.


Yo ya tengo dudosa moralidad, este comentario no me hizo hacer algo nuevo. Pero me hizo pensar que para alguien que sea débil de carácter, ese comentario puede llevarlo a ser un perdido de la vida. Cuando la persona que hablaba adora hacer ver a las personas que lo mejor es ser bueno y actuar “correctamente”. Quizás por eso me impactó aún más su comentario.

martes, 1 de agosto de 2017

Así fuerte, así libre 2

Realmente pasé de él, me metí en la música y a gozarlo. Entonces noté unas manos por mi cintura, me giró y se puso a bailar el "ooh ohoh Oooh ohohhOhhh… nadie nos baja de aquíiii!!!!" ese del final, súper pegadito a mí, empujándome la baja espalda contra él para que notase que estaba cachondo. 

Yo me froté "bailando" contra él. Sonriéndole y mordiéndome el labio antes de mirarle a los ojos, triunfante. 

-Menuda estás hecha. 

Le pasé ambas manos por la nuca, estaba sudando y en sus ojos se veía lujuria pura. 

Bajó sus manos a mi culo y me empujó directamente con él. Contuve el gemido y jadeé. 

-Perfecto. Estás igual que yo.

Le miré desafiante. Incluso con cierto aire burlón, lo que hizo que se pusiera con un cierto punto furioso que me encantaba provocar en él. 

Bueno, provocar en general.

Cuando un hombre se enfurece saca su bestia de dentro. Y eso me atrae excesivamente.

Me empujó delante de él entre la gente. En 3 horas se había puesto el pub tan lleno de gente que apenas se cabía. 

Ya imagináis dónde me llevó... ¿verdad? Claro que sí.  A los baños de los hombres. 

Le dije que si estaba muy asqueroso quería ir a otro sitio y me soltó un "cállate, te voy a follar aquí esté como esté". ¡Pues sí que lo tenía cachondo!

La verdad es que había de esos con puerta y no estaban sucios. Yo es que para follar soy muy tiquismiquis con los sitios públicos. O con los sitios, en general.

Estaba cerrando la puerta cuando me giró cara a la pared y me aplastó apretando su cuerpo contra el mío. 

-¿Te gusta la presión, no es cierto? -me susurró al oído.

Los muslos ya estaban como adormecidos y el coño me hormigueó. 

-No puedo respirar bien, Ma-nu.

Se despegó de mí, solté el aire y enseguida volvió a apretarse contra mí. 

-¡¡¡Manuuu!!!

Se despegó del todo riéndose y cerró bien el pestillo.

-No queremos espías indiscretos, ¡¿no?

Puse el culo en pompa contoneándome al ritmo de una música imaginaria.
Le miré y me estaba mirando el culo.

-Ese vestido se te levanta con nada. Ya te estoy viendo las bragas, ¿venías buscando esto?
-Para nada. Estuve a punto de ponerme lencería de diario.
-¿Y por qué te pusiste esta preciosidad?
-Me vine arriba, supongo. ¿No quieres verla mejor?- Me incorporé, me separé de la pared inclinándome de nuevo y subiéndome el vestido. Abrí las piernas para guardar el equilibrio y me pequé a su paquete.
Estaba como un palo aquello. Ahí sí que gemí y él me agarró las caderas. Apretándome más contra él.
-Ah..uff madre..

De repente nos movimos rápido y me pegó de nuevo contra la pared de enfrente.

 -Apóyate bien, te vas a enterar.

Me bajo las bragas, cortándome la circulación de los muslos.

-Quítamelas entera, que así...

Se acercó a mi oído mientras escuchaba la cremallera bajarse. Y un plastiquito rascarse: Me encantaría tenerte con la boca tapada para que cualquiera no escuche tus gemidos, pero no tengo tiempo.  

Me separó las nalgas. Yo intenté separar las piernas un poco más, aunque se rasgase las bragas, lo que fue imposible. Me dolían apretándome los muslos. 

Noté el lubricante en mi coño ya empapado y enseguida me la hincó hasta el fondo. 

Se le escapó un suspiro de puro gusto. Me lo soltó en el oído y eso me excitó más. Quería mover mis caderas y me dijo que me estuviera quieta. Quería ser él el que llevase la pauta del ritmo. 

Me encanta cuando se pone así. Cuando quiere llenarme de toda su fuerza. 

Empezó a embestirme fuerte, para que le sintiera al fondo, estirándome entera. Me hacía gemir alto.

Qué raro que nadie entrase en el baño, pero ya me daba igual. 

Noté que el móvil vibraba en el bolso y luego empezó a sonar.

-Quizás tus amigas se han preocupado.
-Me… han visto... entrar... contigo.
-Uhh… ¿mamá quizás?
-D--da--igual… Más.

Me envistió más fuerte si cabía y grité de dolor

-¿Más?

Asentí mientras me la seguía clavando.

Así fuerte… Así libre… Así soltera de nuevo es como mejor se sentía el sexo en donde yo quisiera y con quien eligiera.


Notando la fuerza recorriendo mi cuerpo a cada entrada brutal y escalofriante.